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jueves, 21 de febrero de 2013

ILUSIONES


Ya no quiero una ilusión,

verte y soñarte toda la noche, oírte y temblar por ti, verte marchar y llorar otra vez.

Ya no quiero una ilusión,

pensar en mundo posibles, engañarme con que piensas en mí y frenar así mi vida.

Ya no quiero una ilusión,

Jugar a que me quieres, fingir que te creo, danzar entre mentiras, rogarte por un beso.

Renuncio a la ilusión,

último beso a tu recuerdo, las postreras palabras hacia ti, el adiós matizado de olvido.

Renuncio a esta ilusión,

a las palabras nunca dichas, a los besos no entregados, a ti. Bienvenida la cordura.


All by Sergio Vergara.


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miércoles, 19 de diciembre de 2012

EL DÍA PROMETIDO


Me dicen que te olvidaré, incluso gente más sabia que yo.
Juran que el olvido es necesario y que el cuerpo lo sabe,
qué solo llegará y que una mañana no recordaré quién eres;
también que el sonido de tu voz no susurrará a mis espaldas,
mientras que tus rasgos faciales se difuminarán en mi mente.

Y dicen mil veces que te he de olvidar.
Que tu nombre un día sólo será una palabra sin significado;
tu historia, un vago recuerdo de una plática de café;
tu vida, un cuento de los que usan para asustar a los niños,
tus palabras, tinta deleble destinada a desaparecer silente.

La gente habla cuando cree que las experiencias se repiten sin cesar,
que recuerdo y olvido se suceden como la lluvia y la sequía,
que el olvido es un día prometido para cualquier recuerdo.
Pero ese día camina lento, con pereza, el sol tan distraído
como misionero amnésico o como esperando un cambio de opinión.

Olvido o el Día Prometido, infame y ruin traicionero,
como obrero que cobra por adelantado y huye con el efectivo.
¿Pero dónde radica la promesa? ¿En mí o el dominio público?
Hoy termina la promesa de otros y comienza la mía.
Mañana será cuando te dejaré de ver como ese alguien que dije amar.

Sabré quien eres, dónde vives, 
el color de tus ojos, tu canción favorita, 
tu forma de besar, tu voz al amar, 
quien fui contigo, tu cumpleaños,
 tus defectos, tus debilidades, 
las formas desnudas de tu cuerpo, 
tus frases irritantes... tu todo.
Porque el problema nunca fue el olvido. 
El día prometido será dejarte de amar.
El día prometido depende de mí.


All by Sergio Vergara.


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“SI TAN SÓLO PUDIERA”


El silencio de la duda y la incredulidad cerró mi boca nuevamente. Te miro como de costumbre, ocultando esa mirada tan mía, pero tan tuya, porque sólo la realizo cuando tú estás enfrente; sonríen tus ojos pero tu cara es inescrutable. Es la cita informal, la hora acordada, que ni los interrogadores más fieros harían que reveláramos.

Ahí estás, sé que me viste. Es inevitable que pasemos al lado del otro… Te miro por un instante que se hace eterno, bajo la mirada por miedo a que todo sea mi imaginación insana que gasta bromas crueles a mi mente.

Desde mi infancia juego a que tengo poderes, espero que eso sea normal, imagino que puedo detener el tiempo, coloco las manos frente a mí, como si quisiera frenar a alguien y ¡PAM!, ¡funcionó!: el mundo se detuvo, la Tierra dejó de girar ante mi capricho, aunque misteriosamente el aire fluye lo suficiente para que respire. Las personas son estatuas, camino entre ellas, incluso tú eres una hermosa figura inmóvil, evado a tus amigos, me poso frente a ti. Me invade el miedo, creo que el poder puede terminar en cualquier momento y todos verían mis deseos, pero me vuelvo valiente y te toco las comisuras de los labios, luego sigo el sendero de tu cabello y miro a tus ojos vacíos. Quiero darte un beso, ese acto imposible que me quita el sueño, pero no. Sería innoble de mi parte, incluso un delito. Me alejo un paso y te “descongelo”, vuelves a la vida, pero el mundo sigue en pausa, tus ojos sufren desconcierto, analizar lo que ocurre y noto temor en ti. Quisiera volverme invisible, porque pronto te darás cuenta que no estoy donde debiera, de hecho, estoy donde no es mi lugar… Tiemblo, me miras y no del todo, pero comprendes, me miras y tu entrecejo formula una pregunta, mi planta derecha esboza un pequeña respuesta y avanza hacia a ti, dubitativa.

martes, 11 de diciembre de 2012

NADA QUE CELEBRAR


Discurso de despedida de la generación 2008-2012 de la Facultad de Psicología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, dichas por Sergio Vergara.

Buenos tardes distinguidas autoridades, estimados compañeros graduados e invitados a este evento de graduación en general. Es un honor para mí la oportunidad de expresar estas palabras de despedida como representante de nuestra generación. Para ello, he buscado términos para formular algunas emociones que nos pueden embargar en este momento de nuestras vidas. Haciendo un inventario de mí mismo y recordando las múltiples pláticas sostenidas con algunos de ustedes es como intenté plasmar algo de todo esto en papel, pero es una empresa por demás difícil.

Pensé en júbilo y ansiedad, en expectativa y ganas de volver atrás, en felicidad y miedo… experimentadas en una perfecta combinación, que hace imposible poner un nombre a lo que sentimos. Muchos incluso podrán sentir indiferencia porque la realidad aún no los alcanza. Lo que nos acaece es una lluvia de emociones o un torbellino de sentimientos que son inefables y las palabras huyen para no ser mencionadas.

Después pensé en los motivos de nuestra asistencia a este recinto, que creo que poco a poco significa algo más que el nombre del evento. No estamos aquí sólo por cumplir con un acontecimiento que es tradicional, un protocolo, sino porque deseamos hacer algo, añadir esto quizá a nuestra experiencia de vida, estar en el momento en que hemos sido reconocidos por nuestra sociedad y nuestra universidad como los profesionales que ya han sido formados. También para que nuestros familiares, nuestras amistades y nuestras parejas vean lo alto que hemos llegado. Entonces pensé que sí debía plasmar algo sobre el motivo de nuestra asistencia.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

MI LUCHA


Lucho por tu amor en una batalla que inició perdida,
vivo atrincherado bajo una gruesa capa de indiferencia,
porque me sé sin armas suficientes para resistir tu embate.
Peleo con mi mente para poder conseguir  tu olvido,
combato contra ti pero con ironía amo esta enemistad,
mientras riño con este amor, hiriéndome en cada ataque.
Contiendo cuando quiero amar y ataco a mis adentros.
Todo mi cuerpo hace lo que sea para intentar negar lo innegable.
Arden mis brazos queriendo ser alas para viajar hasta ti
y mi piel deseando ser tu ropa para recibir por ti los embates,
porque con la mano en el fuego te negaría, pero secretamente
recibiría mil balas por ti y afrontaría tus batallas con sólo pedirlo.
Adolece mi cuerpo cuando ansia ser información en tu mente,
me lastima no ser un bello recuerdo, ni un reanimante deseo,
o esas palabra de buenos días, esa caricia matutina, ese ser que…
Esta guerra duele más porque no hay en el mundo mayor dolor
que el que se siente cuando no se puede ser lo se quiere.
Cada que te observo llegar, grito con recelo: "¡Alto, identifícate!"
E inquiero: “¿Fuerza amiga o enemiga?” ¿Debo confiar en ti?
Después me río de mí mismo con estúpida  amargura y me digo:
“Como si los enemigos declararan abiertamente sus intenciones”.
"Si me dijeras hola, podrías acribillar mi corazón sin resistencia alguna.
Mejor que nunca lo sepas, que ni sospeches que tienes el poder
de terminar mi guerra interna con  una simple sonrisa.
Y que la huida es la única alternativa para protegerme de lo que realmente deseo.


All by Sergio Vergara.



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sábado, 24 de noviembre de 2012

CARTA DE UN HIJO A SU PADRE



Hola padre, soy tu hijo y sé que con frecuencia puedo parecerte incomprensible, cambiante, extraño, ruidoso y a veces callado en extremo. Pero éste soy yo. Tu hijo, con tantas imperfecciones como lunares en el cuerpo. Tu hijo, que aunque queriendo ser bueno a tus ojos, sólo soy tan bueno como puedo, como mi cuerpo me lo permite. Hoy quiero decirte algo: si parezco distraído y que no te escucho no es porque te ignore o no quiera escucharte, sino que hay tanto en mi cabeza, que apenas presto atención para evitar que me atropellen. Me preocupa mi aspecto, mi voz, quien me gusta, a quien no agrado, a quien busco agradar, la ropa que traigo, mis calificaciones y que pienses cosas buenas de mí. En ser lo suficientemente bueno en todo. Tengo tantas dudas como tú ocupaciones y preocupaciones que me gustaría que un día pararas un momento, me miraras y me preguntaras ¿Cómo estás?, ¿Por qué pareces tan molesto?, ¿En qué o cómo puedo ayudarte? No es que quiera que resuelvas mi vida, pero es grato que alguien se preocupe. A veces creo que sufres de la memoria, no te ofendas, pero creo que olvidas que fuiste como yo un día, que pareciste rebelde a tus padres, que creías que no te comprendían, que querías amor y buscabas la aceptación del mundo. Mírame. Soy tan como tú, eres tan como yo que no olvides que fuimos una misma persona. Provengo de ti. Y si un buen día te doy una nieta, un nieto o adopto, quiero que les des la mejor madre o padre que yo pueda ser, educándome con amor. Y si decido que no sea así, respétame y entonces seremos tú y yo, como ese ser que se separó un día y que ahora se mira a los ojos, buscando identificarse en el otro.

By Sergio Vergara

Lea también "CARTA DE PADRE A SU HIJO".

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CARTA DE UN PADRE A SU HIJO


Hola hijo, soy tu padre, ese ser que a veces parece que fue enviado a la tierra para molestarte, prohibirte, regañarte, marcar tus errores y notar tus defectos, impulsarte a que seas mejor, aunque no siempre lo haga de la mejor manera. Soy tu padre, nadie me educó para serlo. Un buen día te cargaba en mis brazos y me dije que llegarías mucho más alto que yo, no importando lo que tuviera que hacer. En ocasiones me descubro cuestionándome en las noches mientras te observo dormir sobre si estoy haciendo bien mi trabajo, si te hubiera dado ese permiso, si te habré escuchado lo suficiente, si en mi intento por darte todo te estoy haciendo infeliz. El amor consiste en la preocupación activa por la otra persona y eso define lo que siento por ti. Te amo, aunque no siempre lo diga. Te amo aunque a veces parezca lo opuesto. Te amo y eso es todo lo que sé. Puede parecer una que otra vez que quiero y busco tu infelicidad, la verdad es que lo que ves es mi miedo a que te lastimes o alguien más lo haga. Quisiera saberlo todo para ahorrarte ese pesar, quitar cada piedra en tu camino y aplastar aquellas que te puedan herir. Pero ese es trabajo tuyo. Yo soy una especie de guía que va en un camino diferente, de donde te veré y me desviaré un momento del mío para que tú sigas con seguridad el tuyo. Te amo, mi compañía de andares.


All by Sergio Vergara

Lea también "CARTA DE UN HIJO A SU PADRE".

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