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jueves, 1 de agosto de 2013

DUEÑOS Y ESCLAVOS


¿Cómo saber si te poseo o me posees?

Hacerte o que me hagas el amor es una ocasión en que se da y se quita, algo se transforma, algo se trasfiere y, de alguna manera, ya no eres ni soy la misma persona. Pero no sé si me entrego o si dejo de ser de mi propiedad, en el momento en que te permito tocarme en esa forma especial en que lo hacen los amantes. ¿Es el acto un evento que me confiere derechos sobre tu cuerpo o tu persona, mientras transfiero los derechos de propiedad sobre mí a ti?

Porque me siento tuyo y te siento de mí. Porque cuando te beso mi vida se detiene y se convierte en tiempo de ti. Porque tanto aclamaba mi libertad y ahora tiemblo si no te siento cerca exigiendo mi cuerpo y mis espacios. Porque mi vida ya no es representada por mi solo nombre, sino que requiere el tuyo para tener algún sentido.

Ahora soy un ser incompleto, que perdió parte de sí el día que se distrajo mirándote. Robaste mi alma sin siquiera quererlo, sin tener conocimiento de eso. No sabía que los ladrones pudieran ser bandidos contra su voluntad. Tampoco que el ultrajo sería extrañamente placentero. Pero ocurrió, me robaste y ahora temo ser libre de nuevo, sin ti.

¿Cómo saber quién posee a quién? ¿O qué pertenece a quién? Si entre el calor de los cuerpos y el fuego de nuestra pasión se funde todo. Si en el acto todo nos exigimos y todo nos quitamos, sin convertirnos en ladrones o víctimas. Si en el mar de cuerpos reclamando y besando todo se confunde, como vórtice de miembros sin dueño aparente. Si con cada movimiento, cada vuelta, cada abrazo y cada caricia ya no se sabe qué es tuyo y qué es mío, dónde empiezo yo y terminas tú, porque todo es nosotros. Porque ahí nada tiene sentido, ni necesidad hay que lo tenga y la única verdad flotando, entre el efluvio de pasión que nos envuelve, es que somos dueños y esclavos de este amor.



All by Sergio Vergara.

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

“SI TAN SÓLO PUDIERA”


El silencio de la duda y la incredulidad cerró mi boca nuevamente. Te miro como de costumbre, ocultando esa mirada tan mía, pero tan tuya, porque sólo la realizo cuando tú estás enfrente; sonríen tus ojos pero tu cara es inescrutable. Es la cita informal, la hora acordada, que ni los interrogadores más fieros harían que reveláramos.

Ahí estás, sé que me viste. Es inevitable que pasemos al lado del otro… Te miro por un instante que se hace eterno, bajo la mirada por miedo a que todo sea mi imaginación insana que gasta bromas crueles a mi mente.

Desde mi infancia juego a que tengo poderes, espero que eso sea normal, imagino que puedo detener el tiempo, coloco las manos frente a mí, como si quisiera frenar a alguien y ¡PAM!, ¡funcionó!: el mundo se detuvo, la Tierra dejó de girar ante mi capricho, aunque misteriosamente el aire fluye lo suficiente para que respire. Las personas son estatuas, camino entre ellas, incluso tú eres una hermosa figura inmóvil, evado a tus amigos, me poso frente a ti. Me invade el miedo, creo que el poder puede terminar en cualquier momento y todos verían mis deseos, pero me vuelvo valiente y te toco las comisuras de los labios, luego sigo el sendero de tu cabello y miro a tus ojos vacíos. Quiero darte un beso, ese acto imposible que me quita el sueño, pero no. Sería innoble de mi parte, incluso un delito. Me alejo un paso y te “descongelo”, vuelves a la vida, pero el mundo sigue en pausa, tus ojos sufren desconcierto, analizar lo que ocurre y noto temor en ti. Quisiera volverme invisible, porque pronto te darás cuenta que no estoy donde debiera, de hecho, estoy donde no es mi lugar… Tiemblo, me miras y no del todo, pero comprendes, me miras y tu entrecejo formula una pregunta, mi planta derecha esboza un pequeña respuesta y avanza hacia a ti, dubitativa.

miércoles, 28 de marzo de 2012

RÓBAME UN BESO

Róbame un beso que me quite el sueño;
róbame el sueño que alimenta mi vida;
róbame el alma que te ama a ti;
pero no te vayas tú, porque no podré vivir.

Róbame el espacio, la respiración,
la vida entera y todo mi ser.
Pero si me robas un beso,
recuerda: habrás robado más que eso.


martes, 7 de junio de 2011

QUÉ ES BESAR

 

Besar es un acto tan complejo, que es imposible describir en una sola palabra. Por definición, es inefable; aunque haré un gran intento para describir la sensación acontecida cuando las almas desean compartir su belleza en todo su esplendor.
Me aventuro al decir esta afirmación y lo hago, porque podríamos tener sexo sin necesidad de besarnos; pero lo hacemos, como si fuese una necesidad demandante.

Por mi experiencia, podría decir que, ese arrebato que se siente en el pecho, no es algo más que el alma queriendo salir para unirse a aquella que le parece tan atractiva. Si no fuese de esa manera, ¿Por qué no experimentamos lo mismo con todas las personas a quienes besamos? Sólo hay un pequeño número de almas a quienes la nuestra podría unirse, pero únicamente es una con la que nos sentimos como el cóncavo perfecto para el convexo ideal.

Besar es uno de los pocos placeres que podemos disfrutar sin sentirnos culpables, si lo hacemos correctamente; pues es tan placentero como el acto carnal, pero con la inocencia de una caricia. Un beso es capaz de quitarte el aliento, mandarte a otro mundo y dejarte extático sin quitar una sola prenda; todo esto, porque nos deleitamos con el alma del amante y no exclusivamente de su cuerpo.

Un beso no es una experiencia simple, en ningún aspecto y puede ser tan valioso como un diamante y tan poco valorado como un simple cristal. Muchas personas dan besos al por mayor y otras cuantas no se percatan de la valía que alguien dedico a aquel ósculo. Dar y recibir un beso es, literalmente, un volado; a efecto de que no siempre se paga con la misma moneda y eso puede frustrar al amante estafado.

Los besos saben y saben muy bien, cuando es con la persona indicada; ya que, también hay besos amargos y llenos de dolor como en una despedida. Besos robados que son electrizantes o detestables. Besos ocasionales sin mayor dejo que de simple ternura. Otros, que no por sucios son desagradables, así como los que se llenan de pasión. Todos ellos parecen hablar solos, tienen mensajes y son difíciles de decir en palabras, pero el cuerpo los entiende y en ese momento nada importa.