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viernes, 1 de agosto de 2014

MUERTE EN VIDA

Que la muerte me lleve, ya no quiero más vida.
Mi vida solía tener un rostro, un aliento y un nombre.
Un nombre que es ahora impronunciable y rompe mi corazón.
Corazón que un día existió sólo para amarle y cuidarle.
Aunque cuidarle no fue suficiente, pues fue a buscar otro amor.
Amor que tenía de sobra, y era tanto que creo que le estorbó.
Le estorbó casi tanto como a mí ahora la capacidad de sentir.
Sentir que muero, sentir amor, necesitar atención y recibir desprecio.
Mientras desprecio haber creído y aceptado la utopía del amor eterno.
Eterno e inconmensurable como el dolor que parte mi pecho.
Pecho que se rompe y desangra, haciéndome sólo un muerto en vida.
Vida que no me sirve, que no quiero más, porque se fue.

By Sergio Vergara.


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martes, 31 de enero de 2012

HOY LO HE DECIDIDO


Hoy lo he decidido.
Sus caricias ya no son mías,
su cuerpo es frío, distante,
como una mañana que siento que no llegará.
Pues, la idea de sentir que está sin estar,
de que me ame sin amar,
de tenerla y no poseerla, me aterra.

Pensar en su olvido, ¡Nooo!, prefiero la muerte;
ésta sería un millón de veces mejor.
Y morir con ella, lo triplica…
Si, así debe estar,
enamorada de mí hasta la locura,
su corazón hinchado de amor por mí,
sería el mejor sacrificio a Dios.
Para beneplácito de su voluntad.

viernes, 10 de junio de 2011

¿QUIÉN LO MATÓ?


               
             Por azares del destino, en la misma ubicación geográfica, como por un capricho Superior, se hallaban: un ladrón que no creía ni en leyes ni en justicia alguna; un policía que dormía con el código penal bajo la almohada y un infeliz sin cualidades dignas de mencionar.

            Resumidamente, el primero “mató” al tercero por resistirse a un asalto, mientras el segundo observó a lo lejos sin poder llegar a tiempo.

            Apuntando con una pistola, el segundo grita al primero: «¡Baje el arma, está detenido!». El primero giró en pos al segundo sin demostrar temor, sonrió y prorrumpió: «Disculpe, amable policía, podría decirme, por favor ¿Cuál es el motivo de mi detención?». El segundo, desconcertado, respondió: «“Todavía lo pregunta. Por matar a ese buen hombre». «¡Buen hombre!», inquirió sardónico, «¿Lo conocía?»; «No», respondió; «Entonces, suponiendo que este sujeto, no era un “buen hombre”, ¿Me dejaría ir?»; «¡Qué cosas dice, por supuesto que no!», dijo el segundo; «Entonces, de nuevo, podría decirme por qué me detiene»; «Por matar, ¿está usted drogado o es imbécil?»; «Ninguna de las dos. Es que, le prometo que no comprendo la causa de mi detención. Yo no maté a este hombre.»; «No juegue más conmigo. Yo lo vi y le repito, suelte el arma». «A ver, aclaremos… Usted observó a una imagen de mí apuñalar a la imagen de otro sujeto. Pero no me vio a mí». El segundo sujeto se rascó la cabeza. «Yo, no soy lo que usted vio. Fue sólo una faceta de mí, también soy padre, hermano y esposo… Usted miró a mi mano apuñalar a un hombre y mi mano no soy yo. Si la cortara, seguiría siendo yo ¿o no? En todo caso, mi mano acercó un cuchillo al sujeto, pero ella no tiene el poder de matar. El cuchillo lo hizo. ¡Llévenselo!». «Es usted un tarado, haga el favor de darse la vuelta para asegurarlo. ¡Cómo si los cuchillos pensaran y tuvieran intenciones»;  «Oh, ahora veo, me arrestas por pensar y tener intenciones. Ni hablar, soy culpable, lléveme. Pero no sabía que fuera un crimen eso»;  «Lo encarcelaré por decidir matar a ese hombre»;  «Y si le dijera que yo no lo decidí… Así como lo oye. Muchas cosas en la vida no pasan por decisión de uno. Yo lo iba a asaltar para llevar comida a mi hogar. Ese hombre malo que yace en el suelo, se aferró tanto a su dinero, que me obligó a matarlo. En todo caso, él murió por una serie de decisiones, no por la mía. Yo ni pensé en lo que hacía, cuando reaccioné ya estaba muerto. Siguiendo con las decisiones, yo no decidí ser hombre, tampoco ser pobre, mucho menos decidí tener el aspecto “poco confiable” con el que la gente me califica. No decidí por los que no me contrataron, ni por los que me echaron de la casa ayer. No decidí nacer en la familia que nací, que considera bueno, lo que esta sociedad considera malo. Ni en eso decidí, la sociedad no me preguntó si estaba o no de acuerdo con su leyes. No decidí que este hombre pasara por este sitio forrado de billetes, tampoco que hubiera pocos vigilantes cerca y menos que usted no me viera antes, ni que no corriera más rápido». El segundo se cuestionó al fin, por qué lo detenía: No decidió matar, rompió una ley a la que no dijo que respetaría. No es incumplimiento: «Pero las leyes», se dijo, «garantizan el bienestar de la población, y promueven la justica. ¡Eureka! Justicia era la palabra que buscaba. Ahora, dijo en voz alta: Te detengo para que la Justicia se cumpla». El segundo sonrió al fin y el primero no comprendió por qué sonreía y cuestionó: «¿La Justicia de quién? ¿Del fiambre? El ya no puede hablar, no podemos determinar qué le parecía justo. ¿De la sociedad? ¿Qué mal le hice a ella? ¿De la familia del aludido? ¿Qué de lo que me hagan puede hacer que se borre el mal causado? Y el mal no lo hice yo, yo sólo hice la acción, el mal fue el resultado, porque yo no sé cómo crearlo. Si supiera que lo que me hagan resarcirá el daño que cometí sin desearlo, me entregaría sin cuestionar».

sábado, 4 de junio de 2011

TU SANGRE ES VIDA







Ha anochecido nuevamente, mi enemigo natural se ha rendido de nuevo ante mi majestuosidad, y como todas las noches buscaré a mi compañera eterna; aquella doncella que me acompañe desde este momento hasta lo que resta de eternidad.

Dama de mis sombras, y mis olvidadas luces, dueña de lo que yo llamo vida, deja de buscar la luz y comienza a buscar en la oscuridad a tu caballero de negro, tu propia versión de un cuento de hadas, cuyo final no existe y la utopía de la felicidad eterna se encuentra al alcance de tus deseos. Pide, yo concedo, los imposibles serán cosa del pasado. Yo tu alimento, yo tu cobijo, yo seré lo que me pidas que sea.

Hoy cumplo doscientos años desde que comencé mi búsqueda. Y cuando sentía desfallecer mi ánimo, apareciste iluminada como aparición divina, de pie en esa esquina, lugar preferido por mis memorias. En la escena perfecta, con tu belleza inigualable, cierto toque de inocencia y una carga de sensualidad. Me acerqué para que te percataras de mi presencia; al mirarme, te perdiste en mi mirada así como yo en la tuya. Y todo parecía inevitable, tanto como impedir que la Tierra gire.

Te tomé por la cintura, acerqué mis labios a los tuyos, que como polos opuestos se fundieron en un beso, para luego alejarnos como si la luz de ese farol nos lastimara. Y después de caminar entre las penumbras nocturnas, te hice mía en un callejón; que luego de doscientos años de celibato, recordé por un momento lo que fue alguna vez estar vivo. En la cúspide del acto, escuché a tu corazón rebosante de sangre que me pedía a gritos la tomara, y tu yugular me atraía a ella, como si la fuerza de gravedad se concentrara ahí. Bebí tu sangre, y sentí en ti éxtasis, como si hubieses encontrado tu razón de ser, luego de eso, rasgué mi muñeca, mi yugular y el pecho a la altura del corazón. Bebiste de mí y nos hicimos uno.

miércoles, 1 de junio de 2011

LA MUERTE





¿Cómo definimos a la muerte?,
¿Acaso como la manera sutil de la naturaleza para demostrarnos que no somos nada?,
De que nos encontramos a merced de un ser superior, o al capricho de un Dios.
O tal vez un disfemismo de lo que Darwin denominó la “selección natural”.
Mientras lloramos a la gente que se nos va, la Tierra se ríe de nosotros y de nuestra patética existencia; pues para ella somos como el aire que pasa por nuestros pulmones, que así como llega se va y nadie lo extraña.
Entonces mi dilema es: qué es correcto hacer de nuestras vidas, de aquel suspiro que nos tocó representar en esta triste obra. Esta tragicomedia en la cual antes de empezar sabíamos su final.
Será realmente más gratificante tener una vida plena, llena de excesos, pero que al final de tus días pienses: sólo viví una vez, pero ciertamente disfruté. O en está única oportunidad, ser una persona buena y dedicada, estudiosa a quién todos recuerden, que en su paso por la Tierra deje huella para la posteridad.
Se dice, y a ciencia cierta no sé por qué, “los mexicanos no le temen a la muerte”. Pero que levante la mano, quien después de un sueño, se haya despertado eufórico, porque en su sueño fue asesinado.