Hoy leía, por causa de la añoranza, un mensaje de texto de mi madre. Me
di cuenta de una cosa peculiar sobre la que no había pensado mucho: que tenía
errores de ortografía muy graves, de aquellos que en otras personas critico, de
esos que pienso que me avergonzaría tener. Pero, momento, nadie se ría, no es afán de
exponerla, no hay nada que pueda parecer criticable o reprobable en esto; pues
si alguien en el mundo merece que se le perdone estas fallas, es precisamente
ella: Mi Madre.
Ese mensaje me recuerda sus sacrificios, su entrega, su dedicación, su
arduo trabajo de años y que, a pesar de mi edad, se sigue preocupando por mí. Llámenle ignorancia si gustan. Siendo la ignorancia el
conocimiento de un mundo diferente y no sólo el desconocimiento de una cosa en particular. Pero no
conozco a nadie que haya renunciado a tanto conocimiento con tanto amor,
haciendo todos los esfuerzos a su alcance para que yo pueda escribir y hablar
tan pomposamente, y usar palabras que quizá nunca comprenda, pero que son causa
de ella, frases que son producto de su existencia. Cualquier mérito que merezca
yo, debería llevar en título más grande su nombre, que me caracteriza más que
el mío propio.
Madre es alguien que renuncia a la superación y placer personales por
amor, nada más; y dicen que no es un sacrificio, sino un gusto, no soy quien para
dudarlo.