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jueves, 13 de septiembre de 2012

EL SABIO O SOBRE LA FELICIDAD


Por favor, sabio maestro, enséñeme a ser feliz.

—¿Cómo enseñarte, amigo, a satisfacer algo que sólo tú sabes hacer y qué significa para ti? Ser feliz es un desafortunado concepto que aprendemos. No creo que estemos destinados a ser felices. Buscar ser feliz es como tener hambre. Sólo el hambre te mueve a que busques comida y te plantees un método para no padecerla. Así, la vida de la humanidad gira en torno de éste y otros menesteres. Su vida está para satisfacer esta necesidad, trabaja para comer, duerme para trabajar… y se ata a la mesa. Las personas comen y ya piensan en su próxima comida. Saben que aunque coman, están destinadas a comer de nuevo; y así buscan la felicidad, pero para ella no hay hitos específicos, como sentarse a la mesa. Se es feliz y no se valora, se piensa siempre en una porción más grande de alegría. Como este apetito es tan grande no se sacia y siempre se tiene el manjar en mente. Si no existe bocado suficientemente grande para llenar ese hueco, no hay posible felicidad humana.

—¿Entonces no se puede ser feliz?

—Se puede, pero no como tú piensas.

—No entiendo, se puede, ¿pero no mi felicidad personal?

—Así es. Ser feliz es similar a la lucha contra la gula. El humano es simple cuando se piensa en él como analogía de sí mismo. No puede hacer otra cosa más que replicarse en todo lo que hace. Como en este caso. Lo primero que debes hacer es borrar el manjar de tu cabeza, es tan delicioso que costará. Después comienza a preparar pedazos pequeños y amargos, de tal suerte que no quieras comer más hasta la próxima ocasión en que el cuerpo pida. La falta de placer al comer te hará no esperar con tanta ansia la comida. Hazlo así un tiempo. Come con austeridad.

»Un buen día tu cuerpo se acostumbrará a comer poco, entonces dale poca comida rica. Te garantizo que degustarás cada bocado. Cada pequeño bocado será la gloria.

—¿De modo que para ser feliz hay que ser conformista? ¡Bah!
—Nunca he dicho esto. No te recomendé tirarte en el campo a comer hierba amarga. Dije prepara los pedazos amargos. Nunca se deja de luchar. Imagina la vida de trabajo arduo, como pequeños bocados gratificantes. Ahora piensa que el trabajo intenso te traiga alguna vez ese preciado manjar, su sabor sería indescriptible, pero no te hará parar. Al no tener una meta máxima, no afectará tu trabajo, pues desconoces de manjares, los olvidaste hace tiempo.

—Qué fácil es hablar cuando se sabe todo y hablar de ignorancia es un lujo.

No, no lo sé todo. Tengo la facultad de que aquello que digo sueno correcto o bello, pero no significa que todo sea cierto. Si algo nos hace felices, ¿por qué debemos constatar que es cierto? Quizá ya sea muy viejo, pero a veces pienso que la gente quiere ser infeliz. Desea conocer, busca por doquier, y con regularidad considera cierto lo inmediatamente malo que encuentra, haciendo que lo bueno que antecedía a lo malo desaparezca, como si jamás hubiese existido. Tenemos un extraña fijación por lo malvado, que aunque la maldad sea menor que la bondad, la maximizamos.

»Sobre el saber, no lo sé todo. No sé mucho de maldad y la que me acontece intento verla como lo que es, un evento que no debe eclipsar la luz de mis días. Me gusta pensar que así como lo bueno es pasajero, lo malo también lo es. Lo malo son pedazos no muy dulces, que nos hace más sensibles a su sabor opuesto, hace a lo dulce más dulce y al manjar ambrosía.

Entonces es feliz porque sabe cómo hacer todo esto que describe.

No te equivoques. No soy feliz porque sé. Soy feliz porque ignoro. Ignoro cómo hacer grandes las cosas malas, cómo girar mi vida en torno a las tragedias, cómo evitar que el cuerpo y el alma hagan lo que les es tan natural: cicatrizar. Todo esto se aprende en malhadados momentos, de infortunados seres. Amigo mío, yo no soy feliz porque sé, soy feliz porque ignoro. Desconozco lo suficiente para no complicarme la vida.


All by Sergio Vergara.


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lunes, 30 de abril de 2012

EXIGENCIA DE SER UNO MISMO


No soy perfecto y nunca he dicho algo semejante. Si yo veo defectos en mí, para los otros debo ser un síndrome de cosas imperfectas. No tengo obligación de ser normal, ni de hacerte feliz, mucho menos de estar contigo.
Soy lo que soy, hago lo que puedo, en la medida de mis virtudes y defectos. No estoy enfermo. No soy una enfermedad que deba erradicarse. Si modifico algo en mí es porque lo deseo, oculto algo de mí que consideras malo y lo hago porque lo decido.
El problema no es problema en aislado, se  vuelve cuando nos unimos. En la soledad, mi mal humor no afecta, mi risa estridente tampoco, ni siquiera las caras extrañas que hago al pensar, que tanto te molestan.
La felicidad depende de hasta qué punto puedes soportar mi imperfección y normalizar mi anormalidad. No cambiamos, sólo decidimos actuar, pensar y sentir diferente, en función de un bien mayor: estar juntos.
A solas soy perfecto, pero no quiero estar solo. Rechazo mi oportunidad a la perfección. Aun así, y lo digo como exigencia a mi inherente derecho de vivir y existir:

¡No quiero ser curado de ser yo mismo!

domingo, 25 de marzo de 2012

HOLA...



Hola. No, no es el viento el que te habla. Soy yo, el ser invisible que cuida tus pasos, un algo etéreo que llora si tú lo haces y es inmensamente feliz cuando sonríes, aunque nunca lo hagas por causa suya. Soy aquel que a diario se arma de valor para presentarse, para que sepas quién es. Soy ese murmullo de buenos días, un humano y no el aire susurrante. 

Soy yo, tu admirador secreto, tu amante de fantasía, tu defensor incógnito. Soy quien todas las noches te dedica una oración; soy esto que siente como un golpe al pecho cada segundo de indiferencia; soy aquello que desea tu amor y que se sabe incompetente de su merecimiento. 

Soy esto que ves, es lo único que hay. Soy quien dice que es, a falta de una mejor palabra, para poder decirte, que sinceramente sin ti yo no soy

sábado, 18 de febrero de 2012

SOBRE LA BELLEZA



¿La belleza es un mal o un don?, se cuestionó.

“La belleza”, se dijo, “puede resultar la perdición de un hombre, de su alma y su cordura. La belleza implica una pérdida mortal e inmortal. Más bien la conciencia sobre ésta. No hay belleza universal; por lo que ser bello es azaroso, tiene que ver con genética oportuna, empero no es una cuestión de suerte.

”La suerte es sólo un evento significado, la consideración de pertinencia de lo inevitable. Un alfiler cae verticalmente sobre una parte blanda de un sofá, una mujer se sienta y se clava el alfiler. Está maldita seguramente.

”Pensar en belleza y suerte, es hablar de un propósito y un orden en el universo. La presencia de un Dios no puede explicar la ocurrencia de un alfiler en las nalgas. Un Dios no planearía una nimiedad de tal calaña. El universo es estúpido, un montón de rocas girando unas alrededor de otras y átomos, repitiendo el patrón en pequeña escala.

“Un buen día, accidentalmente surge la vida, no por suerte, porque así ocurre cuando se reúnen ciertas condiciones, como si en el universo el hidrogeno y el oxígeno se encontraran y creyéramos milagroso tal evento; creándose agua y danzando ángeles en rededor a la gota. Hilarante —una beldad de sonrisa se dejó ver en un cuchillo de plata que lo reflejaba.

sábado, 28 de enero de 2012

MALDICIÓN O REGALO: LA VEJEZ



Existen enfermedades que con seguridad todos alguna vez padeceremos, cómo la gripe, la varicela y la vejez.

La vejez, es una enfermedad, la cual se caracteriza por la pérdida de la capacidad del cuerpo para regenerarse; lo que conlleva problemas de movilidad, de visión, de memoria, entre otras.

La más interesante a mi punto de vista es la memoria, pues en esta etapa, se pierde a corto plazo, y se vive en la memoria a largo plazo, es decir, en los recuerdos del pasado.

¿Qué es envejecer?

Es desacelerarse y ser alcanzado por el pasado. Es el resumen de nuestras vidas pues, en nuestro último estado físico, observáremos los beneficios o perjuicios de llevar una vida sana o no; de ser una buena o mala persona; y de haber tenido descendencia o no que son, de alguna manera, el seguro de vejez de cada ser humano.

¿Se han preguntado qué harán cuándo envejezcan? ¿Qué harán cuándo la belleza se acabe? ¿Cuándo el alma deseé escapar del cuerpo que no supo cuidar? ¿Cómo reaccionar ante la idea de saber que la tumba te rodea? Porque a esa edad cualquier cosa podría provocar el inevitable final, cosas que antes eran fáciles, y que parecerán imposibles.

¿Qué hacer con la añoranza? ¿De qué sirve tu sabiduría cuando nadie te desea escuchar y tu exótica vida es causa de bostezos?

No cabe duda que la felicidad está en omitir detalles, y nuestra vejez sólo podremos disfrutarla si decidimos olvidar el daño que dejamos en nuestro camino, las heridas que recibimos en el trayecto y las cosas que nunca realizamos.

miércoles, 18 de enero de 2012

¡QUÉ GANAS!



¡Qué ganas!
que ganas de tomar un sentimiento con las manos y despedazarlo,
que ganas de extraviar el amor, la rabia, el resentimiento;
olvidarte de ser humano, hecho que te hace tan infeliz.
Que ganas de no sentir más.

¡Qué ganas!
Ganas de correr, correr y dejar el pasado atrás;
correr y chocar con alguien desconocido y besar,
y morder, y arrancar; y hacer el amor sin que nada importe ya.
Ganas de perderte y no encontrarte.

¡Qué ganas!
De derramar todas mis lágrimas de una vez por todas,
de terminar con ese sufrimiento que ciega, que quiebra,
que te obliga a caer y no ver dónde estás cayendo.
Que ganas de quedarme seco.

viernes, 2 de diciembre de 2011

ABRO LA VENTANA



Una ventana abierta no es un gran fenómeno, no es extraordinario, no importa a nadie. Pero entre mi cuarto y el exterior se rompe una frontera, se perciben mundos ajenos al mío. Dimensiones ignotas que contrastan y complementan la mía. Si decido ignorarlas, simplemente desaparezco. Sólo yo sé que existo y dudo de mi existencia, nadie reafirma que mi corazón late, que mi cerebro procesa, que envejezco, que sueño, que añoro, que amo, que deseo…


Cierro la ventana. En este preciso momento, no existo. No veo más que las ensoñaciones de mi mente. No soy nada, no soy nadie. Mi corazón, en el completo silencio grita que vivo. Yo lo sé. Pero no existo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿QUÉ SOY?


Yo no soy yo. Soy tú.
Tus pensamientos acerca de mí;
lo que ves de mí, lo que imaginas que soy;
lo que a la luz de la sociedad me corresponde ser;
lo que una gran cadena de supervivientes de la naturaleza puso en mis venas;
lo que considero de mí mismo, lo que un adjetivo dice de mí.
Soy una consideración, una valoración y ambas cosas son abstractas.
Soy una abstracción de un ideal de un Yo.
¿Soy tantas cosas a la vez?