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miércoles, 15 de agosto de 2012

UNA HISTORIA CUALQUIERA: MANUEL



Por una parte nos enseñan las leyes de la Iglesia y por otro, las de los hombres,
las mujeres confían en la naturaleza de los hombres y nosotros en que todo es cierto.
No hay salida. Dudar no es de hombres.

¿Acepta a Mónica como su esposa?— Inquirió el padre mientras la audiencia esperaba expectante. Creo que el suspenso lo esperan de la novia en las novelas, pero de ninguno en una boda en la que se supone se aman mutuamente, mucho menos de un hombre seguro como yo. Pensé en que no sabía cómo sería mi vida de ahora en adelante. El control  del tiempo, la exclusividad del cuerpo, la disponibilidad del dinero, lo que se espera de mí… y no sé cuánta cosa que no había contemplado. Lo hago ahora, para mi desgracia, con ese poder misterioso del cerebro para distorsionar el tiempo y crear los segundos más eternos de mi vida.

Mientras miro sus hermosos ojos negros confirmo cuánto la amo, la deseo y quiero estar con ella; pero ¿hasta que la muerte nos separe? De pronto el tiempo se proyectó frente a mí, como si de un camino sin fin se tratara. ¿Cuánto ocurrirá en ese trayecto? Cuando lo que nos obligue a estar juntos, no sea el amor en sí, ni siquiera la biología, sino una cadena invisible, una prisión sin posibilidad de salida, un contrato que no tiene en cuenta la tendencia natural  humana al cambio.

Un hombre no tiene derecho a dudar, a temer, a no querer algo que se supone natural en él. Recuerdo esa primera vez, que sé que nos condena al infierno y que hoy negociamos ante Dios: a mí me enseñaron que las personas sólo se les está permitido acercarse carnalmente luego del santísimo matrimonio, pero también escuché a hombres, como mi padre (hombre unido por este divino lazo desde hace 25 años), por ejemplo, decir: “Pues te la hubieras chingado”, a otro hombre unido bajo el mismo sacramento. Pareciera que el hombre es una bestia que busca sexo, que lo desea, que viviría fornicando si le fuera posible; para mí no lo es, el acto de entrega del cuerpo es un juego de dos, íntimo, místico, especial. Pero tengo prohibido expresarlo. En esa noche, apenas dije “no” y ella se formuló una madeja de teorías sin boca ni cola, cuyos tópicos saltaban entre: su fealdad imaginaria, infidelidad de mi parte, falta de amor, homosexualidad… entre otras que no entendí. Si sólo le hubiera dicho que quería esperar, que quizá era un buen momento para ella, pero no para mí, sus teorías se habrían confirmado, al menos en su cabeza. Sin posibilidad de decidir por nuestra parte, los hombres estamos a su merced; no porque sea un castigo o un sacrificio lo que hacemos en ese momento; pero se siente algo extraño saber que ser hombre es como no tener derecho a elegir sobre nuestra sexualidad, no es natural pensar al respecto; especialmente porque no nos cuestionamos sobre ello, está tan naturalizado que ya no duele, como sí les duele a las mujeres, pero no es por causa de que deba doler, sino que a ellas las condicionaron para creer que duele y a nosotros, no poder decir que quizá duele un poco. Pero si así lo quisiera Dios así sería. Cada quién cumple lo que él ordenó. Así que esto no es verdad.

sábado, 17 de marzo de 2012

NACÍ


Por primera vez emerjo de las profundidades de lo que hoy sé, es mi ser. Surjo como un monstruo que sale de las tinieblas para cumplir con una misión que hasta el momento desconozco. Tomo el control de mi cuerpo. No sé si desperté de un largo sueño o fui concebido en este preciso momento.

Lo único de lo que poseo conocimiento, es de aquella persona que me despertó o me dio la vida. Hoy entiendo que es un ser mortal quien facilitó este milagro; pero la primera imagen que recuerdo es la de un ángel con un hábito peculiar. Sentí tristeza al descubrir que había perdido las alas, eso pensé por que lloraba, quería y necesitaba proporcionarle consuelo; cuando quise hacerlo, tomé conciencia de que existían más ángeles, que vestían de igual forma y que tampoco tenían alas.


¿En qué infierno me encontraba? ¿Qué clase de terrible exilio habían sufrido estas almas? Aunque… quizá era el cielo, por eso no eran menesteres las alas y, sin duda, aquella figura femenina era Dios; sólo tan magnífica perfección podía ser atribuida a la veracidad de este hecho.

sábado, 10 de marzo de 2012

UNA CARTA


Hola, “A”:

Hoy he llegado de la iglesia tan pronto como he podido. Sentí que tenía que apuntar el sentimiento lo más rápido posible, creo que debo comunicarte esto lo más fielmente que mi mundana memoria me lo permita. Tú, como la especie de deidad que eres, no podrías comprender estas limitaciones.
Debo convencerme de que no es un sueño, pues si mañana despertara y ni tú, ni siquiera este papel existiera, no lograría volver a la cordura. Requiero evidencia. Saber que un ser como tú está aquí, que esos ojos son de un ángel que vive en la Tierra. Lo son, lo sé.
Eres tan joven y con una belleza tan inaudita, más inaudita que el hecho de que te fijaras en mí. Un viejo extraño, casi sin vida; quien me viera pensaría que mi único futuro próximo sería la tumba, y tú te has interpuesto.
¿Tienes una idea de lo que eso significa para alguien como yo? Sin un amor, más que Dios, en toda su monótona vida; una persona ciega, más que por la edad, por la regularidad de una existencia con muchas aparentes certezas, pocas preguntas, invisibles metas y nulas pasiones. Soy el habitante de un llano, que aceptó que sólo ese lugar era seguro, que no exploró más allá de él, ni aunque muriera de hambre y el horizonte prometiera abundancias. “El horizonte es malo”, me dije, “si quiero garantizarme la vida eterna en el Cielo, debo permanecer en este llano con pocos frutos, con disminuidos placeres, que encona menesteres. Nací para sufrir.”, me resigné, “El sufrimiento es la cuota del Paraíso. Quinientos mil azotes de pesares y dos millones trece mil sesenta y nueve de celibato… Mmhmm… Le corresponde una buena suite con vista a la mollera del niño Dios”.
El habitante del llano había oído hablar de depresiones y grandes montañas, lugares donde a Dios se le dificultaba mirar; sitios vedados por una voz que alguien dijo que oyó.
¿Quién diría que la Tierra se mueve de tal manera que una majestuosa montaña se posó ante mí ayer, al casi entrar la noche?
Sentado en el confesionario como si, por una broma cruel, el mundo se hubiese detenido sin siquiera darme aviso. Los últimos rayos de sol dibujaron la silueta más perfecta del mundo, aproximándote como si flotaras a causa de que el suelo era indigno de tu planta, tal como un accesorio lujoso en un mendigo.
Aun cerca no pude reconocerte, pero tu olor me hechizó, sentí que te conocía de toda la vida. Fue tan lógico, debía pasar. Tu presencia sobrehumana me intimidó en un principio, pero tu belleza me anestesió, no pude sentir nada más que admiración y deseos de escuchar tu voz. Me sentí flotar, la atención en tus ojos y tus labios era la prioridad de mi cerebro, se agolparon mis estructuras, no pudiendo realizar más funciones. No tuve tiempo de dudar, mi juicio se nubló y no surgieron como antes todos los códigos morales, los mandamientos, pasajes bíblicos conductores, nada. Ojos hermosos y labios deseables, sólo eso. Nada más.
Imagina mi estupor al escuchar tu voz. Que inaudito placer. El llanero que sólo estaba separado de las maravillas de la grandiosa montaña por una persiana. Una perfecta analogía de mi vida, que da cuenta del absurdo de soportar los vientos huracanados del deseo un cuerpo tan endeble, por tantos y tanto años.
De pronto pensé en Dios, un dedo ígneo señalando mi ignominioso cuerpo; pero un ser tan maravilloso no puede ser producto sino de Dios mismo. Entonces recordé, como un barullo proveniente de la calle, los rumores sobre alguien que arribó a la comunidad recientemente. Las personas de pueblos, tan poco modernos, suelen ser escandalosos con los advenedizos, para ellos todos son enviados del demonio, que siempre tiene oscuras empresas y párvulas víctimas. De hecho esto me anunciaron en la mañana. Me advirtieron que la bruja del pueblo, ¡hazme el favor!, anunció la llegada del Diablo, que traería desgracia y que necesitaba lo santo, buscaba paz causando guerra. Dios sabrá qué significa eso.
Tus ojos son en lo único que puedo pensar, qué te puedo decir. Las cosas buenas vienen a mí con tan poca frecuencia que deseo permanecer en un sueño que volver a una horrible realidad en que no existes. Si fueras el Diablo, que cruel Dios por no intervenir; si eres producto de él, que inteligente estratagema utilizó conmigo. Por otro lado, una vida miserable con un final tan espectacular hablaría de justicia universal.
A todo esto, sólo puedo decir algo. Te lo digo a ti amor mío y todo Aquello que tenga acceso al conocimiento de mis deseos y mis propósitos (llámese Dios, Lucifer o Universo):

miércoles, 22 de febrero de 2012

DIOS



Si hablamos de abstracciones mentales, entramos en un tema que abarca todas las cosas inventadas por nosotros; que no podemos tocar ni ver, pero que de alguna manera están ahí, y que además le damos definición propia, tales como: el amor, el odio, entre otros, que entendemos como sentimientos, y creemos que existen, pero por su naturaleza no son palpables ni visibles y que por la simple teoría: NO EXISTEN.

Sin embargo, ninguna de ellas ha causado tantas muertes, discriminación y polémica desde su aparición en la mente de los humanos, como es esa abstracción a la que muchos dedican su vida entera, llamada “DIOS”. Rector mudo sobre lo que se debe o no hacer, decir, pensar u omitir.

Un ser que ha hecho “apariciones” en ciertas personas “elegidas”, que por la distancia entre tiempos, no sabemos que tan cuerdos pudieran estar en el momento de dicha visión celestial. Pero que a pesar de ello, a creado un misticismo sobre su modus operandi, y todo lo relacionado a pronunciar con blasfemia su nombre.

Un “DIOS” surge de la necesidad de creer en que hay alguien a quién no conocemos, y que no importando eso, cuida y procura nuestro bienestar. Y también para dominar pueblos en los que se educan para tenerle miedo al omnipotente, que puede castigarnos de maneras muy crueles. Que no son precisamente el tipo de castigos que se les da a los seres que con tanto amor creó, y que en algunas religiones considera sus “hijos”. Y que aún así, no evita las guerras que se hacen en su nombre.

¿Cómo una inocente creación de nuestro cerebro, puede convertirse en una amenaza para la humanidad?

HOY APRENDÍ: