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martes, 23 de octubre de 2012

SOBRE EL AMOR VERDADERO*


Cuando se halla, ya no se deja y si los demás dicen que está mal, vas por buen camino. Hay personas que no saben soportar la felicidad ajena, les duele la ausencia en su vida y les pesa la presencia de eso que desean en alguien más. La envidia sólo es señal de que las cosas se están haciendo bien. Nadie envidia a los mediocres. Las grandes victorias regularmente requieren una ardua lucha, porque sólo éstas pueden causar excelentes satisfacciones y hacen que la lucha valga la pena.

Apostar por el amor es un riesgo, si se apuesta contra la persona amada, nunca apuestes solo, no des más de lo que tu pareja esté dispuesta a dar. El amor es un juego de sumas a no cero, es decir, que ambos deben ganar. Pero apuesta, siempre apuesta inteligentemente, apuesta por tu amor verdadero sin comprometer el amor propio.

Escucha a los metiches, lo que dicen es importante, porque los enemigos sirven para necesitar a los amigos y a la pareja. Si su odio los une más, bienvenidos sean.**


All by Sergio Vergara.

*Cuidado que puede confundirse con verdaderos amores problemáticos, tormentos y violentos, que sí deben detenerse. Pon atención y no existe ningún indicio de esto, haz lo que digo.
**Este texto lo seguiré ampliando. Denme comentarios y sugerencias.


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lunes, 22 de octubre de 2012

EDUCARNOS PARA EDUCAR


Nos devanamos los sesos pensando cómo enseñar a pensar a los niños,
cuando los adultos aún no hemos logrado ese cometido.

"La educación comienza en casa", es un dicho popular y una verdad de perogrullo. Incluso los padres saben que ellos son los responsables de que sus hijos aprendan cuestiones básicas de socialización y valores, aquellos que les serán útiles en el futuro y que son socialmente aceptables. Por ello, las enseñanzas de casa son muy importantes y determinantes para suponer qué clase de adulto habrá como producto de la combinación de ciertos factores ambientales. Lo que ocurre en casa es el único punto de referencia que tiene un niño por algunos años, cree en que las personas se casan, si vive con una pareja casada o no entiende por qué tal persona tiene dos papás o sólo mamá cuando él tiene por padres a una pareja “normal”. En la escuela se aprenden cuestiones esencialmente académicas, pero no exclusivamente. Existen investigaciones que demuestran la importancia del tipo de maestro en el tipo de ciudadano que se forma.

viernes, 19 de octubre de 2012

AMOR, ESCUCHA

Te amo y sé, sin comprender, que te molesta.
Antes de que tu ceño quede marcado para siempre
por tan súbito e incómodo sentimiento, escucha:
Te amo, pero más por mí que por ti;
porque me sirve amarte y saber de ti;
más por mi estupidez que por tu belleza,
más por mi debilidad que por tu grandeza,
más para mi desgracia que para tu alegría.
En esto tienes poco que ver, aunque protagonices,
es un alimento a tu soberbia y el consumo de mi alma.
Es vida, muerte, alegría, tristeza, vida en sueños, suspiros…
Te amo como premio y pesar, gusto y castigo al unísono.
No te molestes, amor mío, no quiero que sufras con mi amor,
no tienes culpa de no amarme ni yo de amarte así,
no te quito ni te otorgo nada, ni mis sueños te requieren,
mi sentir es independiente de tu sentir y de tu voluntad,
mis pensamientos vuelan a ti, te rozan sin molestar.
Amarte es el castigo que sufro al no ser correspondido,
tu desprecio es el látigo innecesario de mi amor indómito,
tu mirada, cual sea, el aliciente que mantiene vivo este amor.

All by Sergio Vergara.


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miércoles, 10 de octubre de 2012

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL DESEO

El deseo es el hambre del alma. Análogamente al apetito, aumenta en relación a la distancia del objeto que puede satisfacer el menester; la exquisita presentación de éste vuelve más demandante su adquisición; si no se obtiene y no se satisface de otra forma, nos orilla a cometer actos muy nobles y en extremo reprobables para acceder a él; la necesidad expuesta nos puede llevar a la locura, al vencimiento de la dignidad, al dolor, al consumo del cuerpo por el cuerpo... y finalmente, si el menester insatisfecho es tal, a la irremediablemente muerte.

Al igual que el hambre, el deseo puede llevar a excesos voluptuosos, innecesarios para la supervivencia que, empero, parecen llenar algo vacío, algo menester que en verdad no existe. Cualquiera que sea el equivalente al estómago del deseo (apuesto por el sistema dopaminérgico) también puede expandirse y necesitar más alimento para ser llenado. La “obesidad” que provoca el deseo puede no percibirse físicamente, pero todos hemos escuchado de personas que son segregadas por el abuso de esta necesidad, que tienen problemas en toda índole de su vida, incluso en la salud.

El deseo duele, es una ausencia que arde. El objeto que llena el vacío arde también. El deseo es una llamarada, a veces sólo eso, que se apaga en cuanto se complace. Existen deseo tan efímeros como lo que tarda el cuerpo en llegar al orgasmo, o en descubrir un defecto en la persona deseada; y tan largos como los meses en que se consumen los químicos cerebrales. El deseo se extingue y se transforma en cotidianidad, tolerancia por lo antes deseado; algunos lo llaman amor, yo tengo mis dudas. La cotidianidad es la remembranza del anterior fuego y la esperanza de reencenderlo.

viernes, 14 de septiembre de 2012

ENTRE LA MIEL Y EL VENENO



Mientras la lluvia atiere mi espalda y mi cuerpo extraña tu calor, pienso: ¿Si no podría ser yo quien comparta el lecho cálido al que nunca faltas? ¿Si no merezco incluso los días grises de ti y no sólo el sudor de noches frías? Son quejas, siempre quejas mías que acallas con un beso que me hipnotiza. Si intento liberarme, me atas a tu cuerpo con tus brazos y me calmas con tu voz; mientras imantas esa sucia cama con promesas, que tú no crees, pero yo sí. Creo...

Ya no recuerdo con claridad cómo se produjo el vórtice que me trajo hasta aquí, de pie, con los dientes castañeando, esperando que puedas huir un momento; mendigando tiempo y rezando para cometer una vez más ese adorable pecado.

¡Dicen que no te amo! Si por ti he renunciado a mi ser, mi dignidad y mis valores. Mi cuna perdió frente a tu cama en una pelea que se decidió cuando nos vimos. Este amor secreto, mudo, sordo, invisible, que sólo existe en los recovecos de un hotel; es de esas clandestinidades apasionantes, cuyo atractivo es que en cualquier momento, sin aviso alguno, puede acabar destruyendo todo con la fuerza implacable del amor que contiene.

Quizá sucumbamos alguna vez en uno de eso vientos huracanados que creamos al amarnos, o tal vez la lava nos calcine un día o no podamos regresar de un beso a tomar aire de nuevo. Quizá esta lluvia y este frío apaguen mi corazón antes que lo incendies de nuevo, o tu adiós y tu olvido me dejen sin alma en un cuerpo vivo… Pero no. Hoy no. Ya vienes.

jueves, 13 de septiembre de 2012

EL SABIO O SOBRE LA FELICIDAD


Por favor, sabio maestro, enséñeme a ser feliz.

—¿Cómo enseñarte, amigo, a satisfacer algo que sólo tú sabes hacer y qué significa para ti? Ser feliz es un desafortunado concepto que aprendemos. No creo que estemos destinados a ser felices. Buscar ser feliz es como tener hambre. Sólo el hambre te mueve a que busques comida y te plantees un método para no padecerla. Así, la vida de la humanidad gira en torno de éste y otros menesteres. Su vida está para satisfacer esta necesidad, trabaja para comer, duerme para trabajar… y se ata a la mesa. Las personas comen y ya piensan en su próxima comida. Saben que aunque coman, están destinadas a comer de nuevo; y así buscan la felicidad, pero para ella no hay hitos específicos, como sentarse a la mesa. Se es feliz y no se valora, se piensa siempre en una porción más grande de alegría. Como este apetito es tan grande no se sacia y siempre se tiene el manjar en mente. Si no existe bocado suficientemente grande para llenar ese hueco, no hay posible felicidad humana.

—¿Entonces no se puede ser feliz?

—Se puede, pero no como tú piensas.

—No entiendo, se puede, ¿pero no mi felicidad personal?

—Así es. Ser feliz es similar a la lucha contra la gula. El humano es simple cuando se piensa en él como analogía de sí mismo. No puede hacer otra cosa más que replicarse en todo lo que hace. Como en este caso. Lo primero que debes hacer es borrar el manjar de tu cabeza, es tan delicioso que costará. Después comienza a preparar pedazos pequeños y amargos, de tal suerte que no quieras comer más hasta la próxima ocasión en que el cuerpo pida. La falta de placer al comer te hará no esperar con tanta ansia la comida. Hazlo así un tiempo. Come con austeridad.

»Un buen día tu cuerpo se acostumbrará a comer poco, entonces dale poca comida rica. Te garantizo que degustarás cada bocado. Cada pequeño bocado será la gloria.

—¿De modo que para ser feliz hay que ser conformista? ¡Bah!
—Nunca he dicho esto. No te recomendé tirarte en el campo a comer hierba amarga. Dije prepara los pedazos amargos. Nunca se deja de luchar. Imagina la vida de trabajo arduo, como pequeños bocados gratificantes. Ahora piensa que el trabajo intenso te traiga alguna vez ese preciado manjar, su sabor sería indescriptible, pero no te hará parar. Al no tener una meta máxima, no afectará tu trabajo, pues desconoces de manjares, los olvidaste hace tiempo.

—Qué fácil es hablar cuando se sabe todo y hablar de ignorancia es un lujo.

No, no lo sé todo. Tengo la facultad de que aquello que digo sueno correcto o bello, pero no significa que todo sea cierto. Si algo nos hace felices, ¿por qué debemos constatar que es cierto? Quizá ya sea muy viejo, pero a veces pienso que la gente quiere ser infeliz. Desea conocer, busca por doquier, y con regularidad considera cierto lo inmediatamente malo que encuentra, haciendo que lo bueno que antecedía a lo malo desaparezca, como si jamás hubiese existido. Tenemos un extraña fijación por lo malvado, que aunque la maldad sea menor que la bondad, la maximizamos.

»Sobre el saber, no lo sé todo. No sé mucho de maldad y la que me acontece intento verla como lo que es, un evento que no debe eclipsar la luz de mis días. Me gusta pensar que así como lo bueno es pasajero, lo malo también lo es. Lo malo son pedazos no muy dulces, que nos hace más sensibles a su sabor opuesto, hace a lo dulce más dulce y al manjar ambrosía.

Entonces es feliz porque sabe cómo hacer todo esto que describe.

No te equivoques. No soy feliz porque sé. Soy feliz porque ignoro. Ignoro cómo hacer grandes las cosas malas, cómo girar mi vida en torno a las tragedias, cómo evitar que el cuerpo y el alma hagan lo que les es tan natural: cicatrizar. Todo esto se aprende en malhadados momentos, de infortunados seres. Amigo mío, yo no soy feliz porque sé, soy feliz porque ignoro. Desconozco lo suficiente para no complicarme la vida.


All by Sergio Vergara.


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lunes, 3 de septiembre de 2012

SOBRE EL SENTIMIENTO DE JUSTICIA




Obra de modo que las cosas malas parezcan injustas y no obra de karma o precio por pecado. Compórtate con el otro como si te trataras en un espejo, con las consideraciones y desconsideraciones que piensas merecer. Es mejor creerse víctima de la maldad de los demás que sujeto de interminables expiaciones. Aunque el concepto de justicia es prácticamente irrealizable, es común el sentimiento de su antítesis, que radica en toda alma humana; pero la justicia es como la satisfacción absoluta humana del apetito, que al comer demasiado creemos estar satisfechos, como si de algún modo cargáramos el cien por ciento de  las energías, pero que no contamos con aquella utilizada en el consumo, procesamiento y degradación de los alimentos, que sólo después serán energía; por lo que la satisfacción nunca es completa y como la felicidad, que si existe, dura menos de un segundo en su cúspide, a partir de la cual medimos el resto de nuestras vidas.