No hay palabra que me represente;
soy lo que hay detrás de este escrito;
no existe argumento que me pueda describir
tanto como el contacto directo de nuestras miradas.
No conoces más que mi imagen y mi voz.
No sabes los secretos que esconden mis brazos.
Sólo sabes de mi oferta: me ofrezco, ¿me aceptas?
Recuerda que la certeza tiene pocas existencias.






